Neverwhere, Neil Gaiman

Neverwhere, de Neil Gaiman

A veces hace falta mirar un poco por debajo de nosotros mismos. Bajo nuestros pies se ocultan mundos misteriosos, llenos de gente disparatada y peligrosa. Esto nos plantea Neverwhere, de Neil Gaiman. ¿Os sentís con fuerzas para viajar al Londres de abajo?

Un mundo oculto y mucho que contar. Ese otro Londres

Neverwhere se ha convertido por derecho propio en una de las novelas más aclamadas —si no la que más— de las escritas por Neil Gaiman. Lo que al principio nació como un guion de una breve serie emitida en la BBC, con el tiempo se ha transformado en esa novela, pulida con los años, que ha atrapado a innumerables lectores.

Aquí Gaiman nos lleva a un Londres inexplorado, desconocido. Este estará lleno de tipejos raros y anacrónicos, vertederos vivientes, magias olvidadas y puertas. Lo iremos descubriendo, eso sí, junto a Richard Mayhew, un personaje esencialmente normal y acostumbrado a la rutina: una novia controladora pero bonita, un trabajo estable y sencillo, un apartamento no tan ordenado como debería…, que acabará cayendo a este otro mundo.

No quiero destripar ni un poquito de la historia, ni quiero desvelaros los detalles más precisos de la ambientación del libro. Aun así, me gustaría adelantar que se trata de un mundo en el que perderte y disfrutar.

Así pues, el mundo de Neverwhere es hostil y extraño. Eso no quita que nos saque una sonrisa de vez en cuando. Ahí radica, a mi parecer, parte del sabor narrativo de Neil Gaiman: humor con toques ácidos, incluso negros. Llegado a un punto, incluso, nos daremos cuenta de que cada vuelta de esquina lleva consigo una sorpresa o un nuevo punto de vista de la realidad que esperaríamos.

Y junto al Londres de abajo, historias y personajes inquietantes

Todos los personajes de Neverwhere son tan especialmente únicos que se sienten vivos. Participan de esa realidad alterna que sigue unas reglas vagamente establecidas, de tal manera que viven extrañamente.

Un detalle de trasfondo que me parece predominante en esta obra es la ausencia de un tiempo fijo. Antes he hablado de «anacronismo»; sin embargo, me atrevería a decir que el tiempo no funciona o no existe igual allí abajo que aquí arriba. Por tanto, no sería extraño encontrarse pastores herederos de la tradición bucólica, romanos perdidos, nobles de extraña apariencia y carácter… Todos ellos conforman un ecosistema que, pese a todo, funciona y sigue vivo allá.

Resulta complicado, incluso, localizar el tiempo de los acontecimientos y de los propios protagonistas. Da la sensación de que la trama ocurre en poco más de tres días, o en una semana. También, según las historias que se nos cuentan a veces o los pocos detalles sueltos que se nos dan, parece que ciertos personajes son imposiblemente viejos o antiguos —que suena más arcano.

Pero qué diablos es Neverwhere

Y me lo sigo preguntando una vez he leído el libro. Neverwhere es fantasía sin control, pero muy bien puntualizada. Se nos presenta un mundo sólido, divertido y atractivo, y una historia que no deja de ser una aventura con un final casi esperable.

Este viaje que hacemos junto a Richard Mayhew y compañía casi me parece una excusa para describir Londres de abajo. Ya Neil Gaiman afirmó en su momento que deseaba hacer una historia con ese tipo de ambientación, por lo que no me parece tan raro el protagonismo que tiene el mundo; lo cual no es necesariamente malo.

Sí, por supuesto, da la sensación de que la trama mantiene interés gracias al ambiente que lo rodea. Aun así, no deja de tener virtudes. Allí quedan los giros de guion, las traiciones, las muertes, las despedidas, los amores fugitivos o pasajeros, la perdida y la muerte. De hecho, diría que la muerte aparece con frecuencia, aunque sea en una esquina, mirando y observando, expectante.

Y quizás sea más de lo que parece

No resulta fácil, a primera vista, averiguar por qué el mundo de Neverwhere es interesante y atrayente. Si uno se fija bien, sin embargo, encontrara una parte crítica —para bien y para mal— de la ciudad. Gaiman hace un retrato de Londres y de su gente, mostrando a una población inmersa en sus asuntos hasta tal punto de que no son capaces de ver esa realidad oculta tras los suelos y cloacas que van pisando.

Otro de los temas más claro es el miedo. Lo vemos a cada capítulo, y lo vivimos nosotros cada vez que la situación se torna difícil para nuestros personajes. Lo más apasionante, entonces, es ver cómo lo afrontan. Richard Mayhew, en particular, siente esa emoción a cada instante. Trata de sobreponerse a ella en un mundo que desconoce y que sabe que le puede matar en cualquier momento.

De tal manera, el miedo se une a la muerte o cómo afrontarla. Ya en uno de los primeros capítulos la vemos presente con la despedida final de uno de los personajes —que no diré cuál— y, luego, volveremos a verlo unas cuantas veces más. Ahora bien, mientras los personajes que viven en el Londres de abajo parecen acostumbrados a esas situaciones, Richard no, y no parece que haya un solo momento en el que acepte esas muertes. O al menos las lleva de otra manera.

¿Debería leer Neverwhere?

Creo que no terminaría nunca de destripar los elementos más importantes o destacables de Neverwhere. Gaiman crea en este libro un mundo maravilloso y unos personajes que se sienten reales. Algo similar hizo también en Humo y espejos, que ya reseñamos anteriormente.

La narración, por su parte, es fantástica, ligera y divertida. No ha habido ningún momento en que no quisiera seguir pasando de página, adentrándome cada vez más en sus hojas.

Entonces, llegados a este punto, no hay mucho que pueda añadir sin triplicar el número total de palabras de esta humilde reseña. Siempre intento traer libros que, de una manera u otra, aporten algo y valgan la pena. Este es otro caso más.

Por eso, os recomiendo Neverwhere, de Neil Gaiman. Y espero que os suméis a mi espera por una tan necesaria secuela.