La suerte de escribir en Garamond

La suerte de escribir en Garamond

No, no es un idioma nuevo, ni tampoco una jerga inventada. Garamond es una tipografía bastante utilizada —creo que Penguin Random House antes la usaba, o todavía—. De hecho, en este mismo momento la estoy utilizando para redactar este breve artículo.

No pocas veces me detengo en reflexiones a menudo estúpidas o inútiles, como la mayoría de reflexiones. Ahora bien, la gracia de esta es que quiero llegar a algo; a ser posible, a algo interesante. Será el tiempo y la tecla quienes digan si lo es o no.

El caso es que suelo redactar usando la Garamond, y los libros que maqueto —sí, hago esas cosas a veces— los prefiero en ella, porque les da el toque especial y elegante de una letra estrecha aunque hermosa. Por su contra, está la Times New Roman, utilizada a más no poder e impuesta en el entorno académico. Normalmente cuando abro Word es la primera que me encuentro, y la primera que quito, cierto.

Con los años y con la acuciante necesidad de expresarme en palabras, cada más rápido y fluido, he ido aborreciendo según qué cosas. A estas alturas, por ejemplo, he cambiado el tema de Word a uno más gris, y si el modo oscuro me gustase, lo usaría posiblemente. He olvidado el azul por defecto y me he dirigido hacia los tonos apagados y, a la larga, también hacia otra letra.

La Garamond tiene, como digo, ese no sé qué elegante y ligero que apoya la lectura y hace buena cualquier cosa que escribas; ya en el blog será otra cosa. Así, puedo, y debo, admitir que me he vuelto dependiente de esta letra.

¿Y a cuento de qué viene esto de la Garamond

No quisiera extenderme, pues hay reflexiones que así, contenidas, quedan mucho mejor y dicen lo mismo que si escribiera tres libros enteros con mucho relleno. La idea sería la misma: la tipografía dice mucho, y afecta.

No me parece del todo anecdótico que nos impongan una u otra letra. La Times New Roman, por motivos que me sobrepasan, tiene ese aire neutral, sencillo pero formal, y fácil de leer. De hecho, diría que es bastante apropiada para dejar que el texto fluya sin interrupción. Es útil, por tanto, para la lengua académica, y de aquí la extendemos al resto de momentos de escritura.

Esta relación entre la tipografía y el momento de escritura no es una locura. Mucha gente, auténticos sabios —no como yo—, son capaces de hacer verdaderas virguerías con las letras y crear significados con ellas. Así se ve en portadas, en libros más creativos, en publicidad y, aunque no lo parezca, en literatura común.

La tipografía juega un papel crucial para entender el texto no solo como lector de ojos agotados, sino como ese espectador que ve arte en la literatura. Las palabras unidas de tal o cual manera crean las imágenes y las emociones del escritor hacia su noble público, y la tipografía tiene la misión de mantener eso.

Por tanto, no me parece raro pensar que cada escritor tiene una letra en mente cuando escribe, una que prefiere, que usa, de la que no se separa. El escritor, como cualquier artista o creador de entretenimiento que se precie, busca plasmar sobre el papel ese algo. Esto se concibe a través del momento íntimo de este con su ordenador, libreta o lo que sea que utilice. Entonces, lo mejor es sentarse, estarse cómodo y… escribir.

La suerte de escribir en Garamond es que me gusta

Es sencillo y es importante. Adoro la letra Garamond, creo que la ya lo he dicho, y me ayuda a escribir porque me da ese entorno de trabajo sobre el que me siento cómodo para que las ideas fluyan y para que me pierda entre caracteres, letras, palabras, palabros o frases, lo que sea.

La suerte que tenemos hoy día es que podemos elegir la fuente que queremos, ya sea de pago o gratis, y usarla para hacer algo con ella. No está mal, ¿verdad?