Iris de Paz, Manuel Alcaraz Iborra

Iris de paz, de Manuel Alcaraz Iborra

Qué tendrán los libros breves que entran especialmente bien, y si están bien escritos, mejor que mejor. Sí, son pequeñas dosis de lectura que pueden terminar de una sentada. Este es el caso de Iris de paz, de Manuel Alcaraz Iborra, una propuesta muy poco conocida y que hace poquito ha llegado a las librerías de España.

Admito que me encanta reseñar libros poco conocidos o de autores que recién manchan sus manos con tinta; aunque ya no usen, dicho sea de paso. Como yo, ¿os atrevéis a darle una oportunidad?

Tres historias que convergen, y un misterio

En un espacio tan breve —unas setenta páginas— se conforma la historia que hoy traemos al blog. No quiero extenderme, porque caería en destripes innecesarios.

Lo importante en Iris de paz es que le seguimos la pista a un tal Arturo, que nos relata su vida desde que nació hasta el presente narrativo del libro. La muerte ha tenido un espacio importante en su desarrollo, ya no solo como espectador pasivo, sino como ejecutor mismo.

Y ahí quedan los rastros de esa primera historia: Arturo. Pero a su alrededor surgen figuras y protagonistas necesarias de otras vidas. Su propia madre y Elaia, su primer amor, son los cimientos de la cordura de Arturo. Cada una de ellas tiene un pasado, y ese será el que leamos cuando aparezcan sus historias.

¿Qué podemos encontrar, entonces, en Iris de paz? Misterio, ante todo, misterio. Porque a medida que avanzamos las páginas nos aparecen unos emails muy bien colocados que ya avanzan un asesinato sin un culpable ni unas víctimas claras. Este es uno de los puntos fuertes del libro, pues querremos seguir para llegar cuanto antes a la resolución final.

Asimismo, la aparición de tres historias en un libro tan contenido en número de páginas me parece increíble. La historia, pese a lo esperable, fluye natural y sin prisas. A su ritmo.

El dolor aparece casi desde el principio

El núcleo es la muerte. Muchos libros reflexionan acerca de la muerte, e Iris de paz no es una excepción. Arturo la encarna en su mente a su propia manera.

Ahora bien, no es el único tema que persigue la trama. Ahí queda también el dolor. Arturo, en su mundo extraño y corrompido, se duele de esos sentimientos que lo aíslan de la sociedad; su madre es el resultado del pasado que no pudo evitar y al que estuvo anclada por nacimiento; y Elaia lleva esa vida inestable en la que trata de buscar un hueco en el mundo.

El personaje de Elaia en particular me parece interesante y renovador —en lo que se refiere a personajes femeninos en la literatura—. Es el fiel reflejo de la mujer actual que se rebela contra la tradición y los convencionalismos de otras épocas. De hecho, me atrevería a decir que su desorden viene unido a ello, como respuesta, como transgresión.

Aunque no es oro todo lo que reluce. El papel de la madre, como en tantísimos libros, refiere esa tradición anterior y la oposición a los deseos de Elaia, quien no puede sino enfrentarse a ella e, incluso, alejarse.

¿Cabe una perspectiva de género en Iris de paz?

Tampoco es que quiera extenderme demasiado, pero Elaia, como personaje, admite esa visión femenina transgresora. Creo, además, que la pista más clara para esta perspectiva es la aparición de Arturo en su vida. Vemos un cambio muy relevante en ella a medida que la relación —completamente distinta a sus amoríos anteriores— con él avanza y evoluciona hacia algo poco agradable.

Un poco más de espacio para el spoiler quizás dejaría ver detalles y reflexiones alrededor de esta visión en Iris de paz. Y es que la madre de Arturo también refleja esa visión de la mujer, en este caso víctima del sistema patriarcal y machista. Su relato, incluso, resulta duro de leer.

Breve pero intenso. No se echa en falta más

No deja de ser positivo y revelador para el lector potencial que Iris de paz admita tantos pensamientos, reflexiones y debates. Estoy seguro de que los clubs de lectura —tengo entendido que todavía existen— y los foros literarios que acojan este libro dejarán muy buen contenido gracias a él.

Pero, y me repito, es un libro muy breve. Como dije antes, son apenas setenta páginas, que se pueden leer de una sentada. Ahora bien, los tres narradores hacen que sea variado sin la necesidad de explayarse. Me parece un buen recurso y, sobre todo, muy bien explotado. También queden ahí los correos electrónicos, que nos dejan con la miel en los labios.

Sobre el estilo no creo que deba decir mucho más. Es tan breve que os invito a leerlo para ver que, en efecto, está realmente bien escrito. Las palabras fluyen y te llevan a donde tienen que llevar. No se detiene en insignificancias, y pese a ello sabe situar la acción y, lo que es más importante, las emociones.

Iris de paz llega a ser profundamente emocional. En su ficción crea unos personajes reales. Hay realidad en esas historias que se entrecruzan y que son consecuencia unas de otras. No dudo de que, seguramente, un buen número de lectores se sentirá identificado con una o varias de las escenas.

¿Debería leer Iris de paz?

Llegados a este punto, te habrás hecho una idea bastante completa de este libro. Ciertas obras admiten reseñas —dentro de los estándares de Tinta Octarina— muy completas y abiertas a debate, que me encantan.

Así la cosa, llega el momento de la resolución. ¿Vale la pena añadir Iris de paz a tu biblioteca particular?

Sin duda. Como siempre digo, nunca está de más apoyar a pequeñas y medianas editoriales que promueven no solo la creación de literatura moderna e innovadora, sino a autores noveles que quieran ofrecer un punto de vista distinto.

Este es caso de Manuel Alcaraz Iborra y su Iris de paz, un libro que hará las delicias de los amantes de las lecturas breves y profundas.