Humo y espejos, Neil Gaiman

Humo y espejos, de Neil Gaiman

¿Es un engaño o una ilusión? Adoro esas historias que te llevan a un sitio y descubren una trampa final, una sorpresa o lo que sea. Humo y espejos sigue esa idea del engaño, en este caso narrativo, de los magos para sorprendernos con magia irreal.

Neil Gaiman, autor conocido, tengo entendido, por obras más relacionadas con el cómic, nos trae una antología de historias que parten de esa misma base: sorprender, engañar y enredar la mente del lector. Humo y espejos es ese mundo donde la ficción es incluso más irreal, más ficción.

Humo y espejos: una antología de engaños y sorpresas

Bien, resulta complicado reseñar este libro más allá de decir que es un compendio de historias cortas. Lo cierto es que quien haya leído a Gaiman anteriormente ya se imaginará por dónde van los tiros. Para los novatos desafortunados, diré que es coautor de Buenos presagios (Good Omens) junto a Terry Pratchett, y autor de The Sandman, cómic del que no puedo decir nada.

Pero lo que me interesa a mí es hablar de Humo y espejos. Disfruto más que nadie con este tipo de obras casi misceláneas, variadas y disfrutables en ratos cortos. Mi afición favorita es sentarme a leer uno de estos libros y pasar una o dos historias cuando no me queda tiempo para mucho más. Ahora bien, normalmente, estos libros me duran considerablemente más que el resto; con Humo y espejos no ha sido exactamente así.

Quizás un problema que tiene, y que todos estos tipos de libros suelen tener, es que es desigual. Hay historias mejores y peores, las hay que te hacen mirar el libro atónito para tratar de comprender qué acaba de ocurrir ahí. Otras, por el contrario, son disfrutables, aunque quizás esperarías un poco más, o se hacen más soporíferas y predecibles. No obstante, el paseo general vale la pena.

Neil Gaiman busca la realidad oculta e ignorada

Una recurrencia de Neil Gaiman es la de ponernos frente a un espejo deformado —me encanta este recurso temático— con un toque de humor negro e ironía mordaz. Casi diría que estas triquiñuelas que aparecen para darle un giro a la historia son mucho más que eso, simples vueltas de tuerca. La gracia es que llevan insertos mensajes o moralejas —aunque no sean exactamente eso— que permean a través de la trama. Estas te hacen detenerte antes de avanzar con la siguiente historia y reflexionar, lo cual ya me parece un motivo más que suficiente para plantearse el interés por el libro.

Igualmente, hay planteamientos muy bien llevados e ideas, más allá de estas moralejas, que son pura obra del ingenio y la imaginación. Sí, diría que una de las constantes de la obra de Neil Gaiman es la imaginación desbocada, divertida y ocurrente. Un ejemplo muy claro, sin caer en spoiler, es el último cuento del libro, que transforma un famoso cuento popular. A partir de este cuento se entiende mejor el principio conformador del libro: una idea preconcebida puesta ante un espejo que nos devuelve una imagen del revés y que, para colmo, muestra extrañezas a través del humo de la imaginación de su autor.

De los personajes, ahora, se podría hablar largo y tendido. Todos ellos son, a su manera, una cordial y molesta representación del ser humano. Todos ellos son nosotros, y viven estas historias como seguramente las viviríamos; allí están nuestras imperfecciones, nuestros deseos, nuestros sueños y nuestras peores facetas. En cierto modo, Neil Gaiman presenta a veces lo peor que habita en el pecho de cada uno y lo saca a relucir con una cordialidad y naturalidad que da miedo.

Divertido, entretenido… ¿Qué más?

Por supuesto, todo este amasijo de ideas, símbolos, recursos y tal se reúnen a través de la escritura suelta y desenfada de Neil Gaiman. Me hace imaginar cómo sería su estilo en el inglés original. En ocasiones, el narrador resuena en mi cabeza con un deje británico, como la narradora de Good Omens, de Prime Video.

El resultado final de todo esto, la forma, es que Humo y espejos es una lectura gustosa, de esas con las que te quedas porque divierte. Sí, en efecto, no solo está bien escrito, sino que es divertido. Como antes he comentado, Neil Gaiman es increíblemente imaginativo. Creo que le gusta, y disfruta, llevar al lector por caminos sencillos para estamparlos contra una verja, o algo así. ¿Sabéis lo que os digo?

¿Debería leer Humo y espejos?

Lo cierto es que parece que vuelva a empezar esta leve crítica e insista en la dificultad de analizar Humos y espejos por su forma y temática. Aquí no creo que encuentres un mundo cordial, amable y sencillamente normal; aquí no hay buenos o malos, ni corporaciones en las sombras, ni reinas o reyes edulcorados por esas mismas corporaciones. No creo que haya bondad o maldad en Humo y espejos, sino que todo se enrevesa para crear la realidad. Sí, este libro y sus historias, a su modo, son un reflejo de todo.

Vale, vale, no es tanto una obra maestra. Tiene sus dejes y momentos previsibles. Neil Gaiman, a mi parecer, tiene ya un estilo muy marcado. Cuando ya llevas unas cuantas historias, te puedes imaginar que la siguiente, aunque empiece bien, no acabará como tal.

A lo que quiero llegar, en todo caso, es a que Humo y espejos vale la pena. Pese a lo esperable, es variado y comprometedor; quizás te saque una sonrisa o haga que se te sonrojen las mejillas, porque puede que te veas allí.

Más allá de la imagen del cristal y el fino humo, hay algo así como un que Neil Gaiman escribe para hacerle sudar la gota gorda a más de uno. Creo que tan solo por eso merece la pena.