El club de la buena estrella, Amy Tan

El Club de la Buena Estrella, de Amy Tan

Otro modo de hacer literatura es posible. Desde Occidente hasta Oriente he encontrado autores que reflejan su particular visión del mundo. En cambio, en El Club de la Buena Estrella, de Amy Tan, vemos el choque de dos mundos, de dos generaciones y de muchas vidas.

Volvamos a la lucha madre contra hija

La realidad es que hay muchos libros que tratan el contraste que se produce cuando dos culturas —o grupos de culturas— confluyen en un mismo punto. En un mundo tan globalizado como el nuestro no es tan extraño. Un ejemplo muy claro, que ya he tratado, es el de Sanshiro, de Natsume Sōseki.

El caso de Amy Tan es parecido, aunque el núcleo conformador de todo esto es la relación de una hija con su madre, y viceversa. En El Club de la Buena Estrella leemos una sucesión de historias —más o menos relacionadas entre sí— que tratan la variadas perspectivas y realidad de mujer chinas en distintas épocas.

Lo más destacable de este enfoque es cómo estas realidades cambian a partir de la generación tratada. Pese a que madre e hija vienen de una misma raíz y, en principio, de una misma cultura, el hecho de que una haya crecido en China y la otra en Estados Unidos hace que la cosa cambie.

Mientras que la madre representa la tradición, la hija representa una modernidad mucho más occidental que se opone a sus raíces. Estados Unidos se convierte en un punto de unión muy peculiar.

El sueño americano o cómo perder el tiempo y la libertad

Todos conocemos el sueño americano y las promesas de libertad y fraternidad que esas palabras representan. Estados Unidos se conforma desde sus inicios como ese país hecho por y para inmigrantes donde la prosperidad surge hasta de las alcantarillas de las calles más remotas de las ciudades más baldías.

Ahora bien, El Club de la Buena Estrella muestra el otro lado de la moneda. Amy Tan hace una crítica, a mi parecer, de la falsa promesa de prosperidad y unión que forma los cimientos de los ideales estadounidenses.

Primeramente, y me parece el núcleo de esta crítica particular, es el rechazo al inmigrante lo que convierte al país en un nido de hipócritas. La historia le da la razón a todos aquellos que desmintieran las promesas que la cartelería estadounidense ha difundido durante décadas por medio mundo.

La gran verdad de todo es que Estados Unidos es el país del racismo, y lo seguirá siendo.

¿Y si nací aquí y vengo de allí?

Lo más curioso —y aquí entramos de lleno en El Club de la Buena Estrella— es la posición confusa y especial de los mestizos, esas personas hijas de inmigrantes pero que han nacido en tierra estadounidense.

En efecto, no solo son ciudadanos de pleno derecho, sino que han adoptado la cultura de las barras y estrellas como suya propia. El problema llega cuando tienen los ojos rasgados y la piel de diferente color, por lo que pierden el privilegio —que debería ser derecho— a ser un igual con el resto de la población.

Oriente siempre seguirá siendo el gran desconocido

¿Y a qué llegamos con todo esto? Estas personas a medio camino entre dos culturas acaban sucumbiendo ante la cultura estadounidense. Ya no solo la asumen como la prioritaria, sino que rechazan sus raíces, denigrantes en adelante para ellos.

La gran causa de esto es esa visión que en Occidente hay de la variedad de culturas y del imperativo, completamente impuesto, de adaptarse y olvidar; que es muy distinto de adaptarse y conservar, fusionarse.

Y la consecuencia, como ya traté con Sanshiro, es que apenas conocemos la cultura de esos países. Pocos hemos ahondado un poco, y casi solo hemos rascado la superficie.

En este sentido, El Club de la Buena Estrella tiene una enorme virtud: lo cuenta todo, malo y bueno. El retrato que hace de la sociedad china, quizás más la de una época en particular, refleja ese mundo rico en una cultura más que interesante, increíblemente distinta y variopinta desde nuestro punto de vista.

Sin embargo, Amy Tan no olvida las debilidades y lo negativo de esa tradición, que no estará exenta de machismo, de salvajismos, de odio y de muerte. La libertad es uno de los puntos más retratados, porque las madres no tiene elección: o se marchan, o morirán. Y dejan un país al que añoran y desprecian a partes iguales.

El Club de la Buena Estrella tiene relatos que son increíblemente crudos en ciertos momentos. Ya no solo por las escenas retratadas, sino por las realidades que muestran; dentro habrá el rechazo a la mujer y a los homosexuales, y la negación a la libertad, a la igualdad y a todo lo que significa ser una u otra persona.

¿Debería leer El Club de la Buena Estrella?

No es difícil definir El Club de la Buena Estrella, pero sí que da cabida a una larga dosis de artículos académicos que intervengan en la importancia y en la densidad de esta serie de relatos interconectados.

Aunque, más que eso, lo que tú buscas, curioso lector, es un mundo bello y distinto. Eso encontrarás en la obra de Amy Tan. Quizás el viaje a veces sea complicado, y no te gustarán según qué escenas, difíciles de digerir.

Llegados aquí, por qué no darle una oportunidad a El Club de la Buena Estrella, de Amy Tan. Te espera algo distinto y renovador, y digno de ser leído una y otra vez.